Para pagar las facturas de electricidad de sus grandes industrias, Bélgica firma un cheque por valor de 1000 millones de euros.
Mil millones: esa es la astronómica suma que Bélgica va a destinar a sus industrias electrointensivas para aliviar su factura eléctrica. En realidad, Alemania ya ha anunciado una ayuda similar y Francia ya la está aplicando, se trata de un reequilibrio posible gracias al dispositivo Cisaf.
La brecha de competitividad energética que penaliza a las industrias electrointensivas es el mantra de los ministros de Energía cuando comparan los precios de la electricidad y el gas con los de sus vecinos.
El 23 de diciembre, en su blog, el ministro federal belga de Energía, Mathieu Bihet, anunció la adopción por parte del Consejo de Ministros de la «norma energética», un plan de 944 millones de euros que se gastarán hasta 2029 para reducir la factura eléctrica de las empresas que más energía consumen. «Las empresas belgas que operan en sectores estratégicos soportan actualmente unos costes de electricidad más elevados que los observados en nuestros vecinos, como Francia», subrayó el ministro. La química, la siderurgia y el papel (sectores electrointensivos y contaminantes) son los beneficiarios de esta ayuda.
Se trata de un dispositivo con dos pilares. Por un lado, una reducción de las tarifas de transporte de electricidad y, por otro, ayudas estatales específicas que han sido posibles gracias a la evolución del marco europeo (Cisaf). Desde junio, la Comisión Europea autoriza a los Estados miembros a conceder a las empresas electrointensivas reducciones de hasta el 50 % de su factura eléctrica, siempre que vayan acompañadas de compromisos en materia de descarbonización, eficiencia energética o flexibilidad de la demanda.
Los países vecinos electrointensivos se benefician de medidas similares por parte de sus gobiernos.
Para el ministro belga, se trata de corregir una «desventaja» competitiva frente a países que ya han establecido mecanismos de apoyo similares. Piensa en Francia, y también en su otro vecino, Berlín, que ha enviado un cheque cuantioso a sus industrias electrointensivas, que se enfrentan a unos precios de la electricidad entre los más altos de Europa tras la crisis energética.
El Gobierno alemán ha aprobado un precio de alrededor de 5 céntimos de euro por kilovatio hora, durante varios años y para estos mismos sectores.
Fuente: Révolution énergétique.
