Autor: EmpleoBeLux

  • ¿Logras desconectar del trabajo en vacaciones?

    • Adecco y Randstad están de acuerdo: son los más jóvenes los que menos desconectan.
    • Sólo un tercio de los trabajadores españoles logra unir tres semanas consecutivas de descanso.

      En la playa

    ¿Consigues desconectar del trabajo en vacaciones? Dos empresas de recursos humanos se han hecho esta semana esa misma pregunta. La respuesta es que en torno a un tercio de los españoles se va de vacaciones pero no logra olvidarse del trabajo, no logra desconectar.

    Según Adecco, el 36,2% de los trabajadores españoles no desconecta del trabajo lo suficiente cuando está de vacaciones, un 1,3 puntos porcentuales más que hace un año, y el 63,8% desconecta por completo. Randstad, en cambio, calcula que el porcentaje de quienes no se olvidan de su ocupación profesional es sólo del 22,2%. O de otro modo, el 77,8% de los trabajadores dicen que consiguen desconectar del trabajo durante el periodo vacacional, 10 puntos porcentuales más que el año pasado.

    El estudio de esta última empresa de RR HH indica que los menores de 25 años son los que muestran un mayor ratio de ocupados que no consigue desconectar, con un 30,8%. Le siguen los que tienen entre 25 y 45 años (23%) y, por último, los mayores de 45 años (15,4%). En esto está de acuerdo Adecco. Son los menores de 25 años los que menos desconectan del trabajo (55,6%), mientras que la totalidad de los trabajadores mayores de 55 años afirma dejar a un lado el trabajo en este período.

    Por sexos, dice Adecco, son las mujeres las que más desconectan de su vida laboral cuando estás de vacaciones, con un 72,5% frente al 58,6% de los hombres. Entre los principales motivos por los que los trabajadores españoles no dejan a un lado su trabajo está la duración de las vacaciones.

    Quién contacta con quién

    Según Ransdtad, las razones por las que los ocupados no consiguen desconectar son diversas, pero la dificultad para poder desvincularse de temas laborales es la más esgrimida por un 49,5% de los profesionales. La comunicación con la empresa, iniciada por la propia compañía, y que no haya otra persona que se ocupe de esas funciones son la segunda y tercera razón argumentada, con un 25% y un 14,7%, respectivamente.

    Indica Adecco que el móvil y el correo corporativos son aspectos esenciales, ya que más de la mitad de los trabajadores (51,5%, dos puntos porcentuales más) asegura que consulta el correo electrónico de empresa cuando está de vacaciones. La mitad de ellos lo hace una o dos veces al día. Además, el 60,3% (+0,6%) reconoce que atiende llamadas de trabajo aun estando de vacaciones.

    El porcentaje de ocupados que afirma que no mantiene ningún contacto con la empresa durante el periodo vacacional es del 73,4%, según el informe de Randstad, al igual que la cifra de ocupados que logra evadirse del trabajo. Del 26,6% que sí afirma hacerlo, el 53,1% lo hace a través de llamadas telefónicas y el 49% a través de servicios de mensajería instantánea. A continuación, se encuentra el contacto por correo electrónico (35,9%).

    ¿Y cuántas vacaciones tienen los asalariados españoles? Según los datos de Adecco, casi siete de cada 10 encuestados aseguran que disfrutan de unas vacaciones de verano de entre dos y tres semanas. Solo un tercio de los trabajadores une tres semanas consecutivas de descanso.

    Fuente: 20 Minutos

  • Lo mejor y lo peor de trabajar desde casa por Internet

    Los autónomos o los trabajadores en remoto suelen ser los profesionales que más trabajan desde casa

    Crea un espacio de trabajo y limita tus tareas laborales a ese lugar de la casa

    • Internet y las tecnologías han propiciado que muchos empleos sean no presenciales y se pueda trabajar desde casa.

    • Analizamos los pros y contras de trabajar desde casa por Internet.

    • Los profesionales informáticos y dedicados al sector digital suelen ser los que más facilidades tienen para trabajar desde casa o en cualquier lugar donde tengan acceso a Internet.

    Trabajar desde casa es de los anhelos de muchos de los trabajadores que cada día han de trasladarse a su oficina y luchar contra el tráfico y las retenciones.

    Para muchos autónomos es la manera más fácil de realizar su actividad, sin incurrir en grandes gastos y comenzar su proyecto de trabajo freelance.

    Pero, ¿qué tiene trabajar desde casa que para algunos es un sueño y para otros se convierte en su peor pesadilla?

    ¿Conoces las ventajas e inconvenientes de tener tu oficina en casa?

    No cabe duda de que trabajar desde casa es de las opciones de empleo que más facilita la conciliación familiar o la flexibilidad horaria, pero también es una forma de trabajo que supone algunos retos y en la que es muy importante saber poner límites y ser muy organizado.

    Ventajas

    Diseña tu espacio de trabajo

    Te permite crear un lugar de trabajo que se adapte a tus gustos y necesidades, además de ser lo más conveniente para separar tu vida familiar de la profesional.

    Flexibilidad horaria y organizativa

    Muchos trabajos freelance permiten libertad horaria, por lo que cada trabajador puede organizar su jornada, según sus necesidades y picos de productividad.

    Mejora de la productividad

    Sin la necesidad del presentismo laboral se evitan los tiempos muertos y el mejor rendimiento a la hora de realizar tareas que exigen concentración.

    Deducción de gastos para los autónomos

    Para los trabajadores autónomos es una buena manera de poder deducir parte de los gastos de los suministros de su casa y del alquiler.

    Ahorro de tiempo en traslados

    Evitando los traslados en hora punta supone un ahorro de tiempo que los trabajadores freelance pueden invertir en su trabajo o en sus actividades de ocio, además de reducir los niveles de estrés.

    Inconvenientes

    Soledad

    La falta de contacto con compañeros de trabajo es una lacra para muchos trabajadores que usan Internet para su trabajo.

    Un espacio de coworking es la solución para este tipo de problemas.

    Dependencia tecnológica

    Trabajar por Internet aumenta la dependencia tecnológica y de los dispositivos móviles, ya que estas son las herramientas más importantes para poder desarrollar su trabajo.

    Malos hábitos para la concentración

    Es un espacio como el hogar es fácil caer en distracciones constantes o acabar trabajando desde la cama o el sofá, algo no muy recomendable.

    Jornadas ilimitadas

    El no regirse por un horario oficial suele suponer que el trabajador freelance emplee horas de su tiempo libre o del fin de semana para realizar tareas relacionadas con su trabajo.

    Vida sedentaria

    Es más fácil caer en la rutina y en un ritmo de vida sedentario, por lo que siempre hay que marcarse unas obligaciones físicas diarias, como salir a pasear, ir al gimnasio y evitar no comer delante del ordenador.

    Trabajes donde trabajes, lo importante es regirse por una planificación y saber buscar tiempo para todo.

     

    Fuente: Universia

  • ¿Cómo afectará la inteligencia artificial al nivel de empleo?

    Es necesario huir del alarmismo: ya hemos vivido cambios tecnológicos así en el pasado

    ¿Cómo afectará la inteligencia artificial al nivel de empleo?

    Existe una enorme preocupación, casi cabría hablar de miedo, sobre los efectos que el cambio tecnológico sobre el empleo. Y sin embargo, la automatización lleva ya años eliminando miles de empleos sin peligrosas consecuencias sociales.

    Por ejemplo, la producción textil requiere primero producir fibra desde el algodón, luego hilo desde la fibra, luego tejer la tela a partir del hilo, y finalmente tratar y teñir la tela. Todas estas tareas requerían, antes de la primera revolución industrial, una enorme fuerza de trabajo, que poco a poco se fue sustituyendo por máquinas, sobre todo con los procesos de automatización del hilado y el tejido.

    De forma similar sucedió con la agricultura, que ocupaba hace solo dos siglos a la mayor parte de la población activa mundial. Primero las segadoras mecánicas y los arados tirados por caballos reemplazaron al trabajo manual, y luego los tractores reemplazaron a los caballos en el siglo XX. Finalmente, a finales del siglo XX aparecieron las cosechadoras mecánicas, que acabaron casi completamente con el uso de mano de obra en la agricultura.

    Historias similares se pueden contar de la fabricación metalúrgica, de la fabricación de automóviles, o del trabajo de oficina. En todos ellos, las tareas más rutinarias han ido poco a poco automatizándose y desplazando así a una gran parte del trabajo empleado.

    Sin embargo, en la mayoría de los ejemplos históricos, no observamos gran paro tecnológico tras estos enormes cambios. Al revés, a medida que aumenta la automatización, aumenta la productividad y también el empleo. Entender por qué y cuándo esto sucede así es importante, ahora que nos enfrentamos a grandes cambios a causa del avance de la inteligencia artificial.

    Por ejemplo, especialistas médicos como los patólogos, los radiólogos o los dermatólogos se especializan en diagnosticar imágenes: ver una foto y decidir si es “buena” o “mala”. La inteligencia artificial está a punto, o ha llegado ya, a hacer este trabajo mejor que los humanos.

    ¿Cabe esperar que la inteligencia artificial, que sustituirá muchas de las tareas humanas, aumente también el nivel de empleo, pese a los muchos miedos en nuestras sociedades? ¿Tras esta revolución, nos quedará algo que hacer, o nos condenará inevitablemente al paro tecnológico?

    Esta es la pregunta que se hace un reciente e interesante trabajo de los economistas Daron Acemoglu, del MIT, y Pascual Restrepo, de la Universidad de Boston (Artificial Intelligence, Automation and Work) presentado este mes de julio en el grupo de trabajo sobre TICs y Digitalización de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) en Boston y del que me tocó hacer la discusión oficial (aquí para los más técnicos e interesados). De ese trabajo proceden también los ejemplos que he comentado anteriormente.

    Acemoglu y Restrepo hacen un ejercicio teórico que busca categorizar y organizar la evidencia sobre la automatización. Su punto de partida es que la “automatización” permite que tareas que antes hacíamos solo los humanos, las hagan las máquinas.

    El impacto inmediato de este cambio es evidente: una caída de la demanda del factor trabajo. A este efecto “directo” lo llaman “efecto desplazamiento” del trabajo por las máquinas. Sin embargo, existen tres efectos clave que pueden llevar a que la demanda final de trabajadores aumente. En qué condiciones esto se produce es lo importante de este análisis. Me centraré aquí en uno de ellos.

    El efecto “positivo” para la demanda de trabajo más importante es el “efecto productividad”. Al reducirse el coste de producción, se reducen los precios de (potencialmente) un gran número de bienes y servicios, lo que aumenta la riqueza de las sociedades y su demanda. Este aumento se puede producir en el propio sector que ha experimentado un aumento tecnológico, o en la economía en su conjunto.

    Por ejemplo, un aumento de empleo en el propio sector que experimentó la automatización se produjo Acemoglu y Restrepo en el caso de la introducción de los cajeros automáticos que, al reducir el coste de abrir nuevas sucursales, llevaron a un fuerte aumento del número de oficinas y del empleo en banca. Lo mismo sucedió con los avances tecnológicos en el sector textil, que llevaron a una fuerte caída de su coste y a un aumento de la demanda de trabajo.

    Un ejemplo, donde el efecto de “productividad” se produce en toda la economía se puede observar en el enorme progreso tecnológico en la agricultura debido a su mecanización, que llevó a un fuerte aumento de la riqueza de las familias y a un aumento de la demanda de bienes y servicios en toda la economía.

    ¿Cuándo es este efecto de “productividad” lo suficientemente fuerte para dominar al “desplazamiento”? Es en este punto en el que se produce el resultado más interesante del análisis.

    Supongamos primero una tecnología “ni fu ni fa”, es decir, una tecnología suficientemente avanzada para automatizar ciertas tareas y desplazar a la mano de obra en ellas, pero no lo suficientemente avanzada para implicar una fuerte caída de los costes. Claramente, esta tecnología supondrá una caída de la demanda de mano de obra mediante el “efecto desplazamiento”, pero no aumentará significativamente la riqueza de las familias y por tanto no llevará a un aumento compensatorio.

    Imaginemos por el contrario una tecnología realmente revolucionaria. Cierto, las máquinas desplazarán a los trabajadores. Pero la fuerte caída de los costes de producción (piensen en el textil, o en los avances en la agricultura) llevará a un fuerte aumento de la riqueza disponible de las familias, a un aumento de la demanda, y a un aumento de los salarios y del empleo.

    En definitiva, no tenemos que tener miedo a las tecnologías “fantásticas”, a aquellas tecnologías que “cambian el mundo”. Precisamente porque lo cambian, facilitan el aumento de bienestar de la sociedad y aumentan la demanda de tareas, tanto las existentes como otras nuevas que aún no podemos imaginar. Por ejemplo, la inteligencia artificial nos permitirá personalizar la medicina o la educación hasta niveles que hace poco no eran imaginables.

    Lo que debe preocuparnos son las tecnologías mediocres, aquellas que suponen incrementos mínimos de la productividad: aumentos de productividad suficientes para desplazar trabajadores, pero no lo suficientemente importantes para incrementar sustancialmente el bienestar de los que consumen estas tecnologías. Esas tecnologías tendrán lo “malo” del efecto desplazamiento de la mano de obra, pero no lo bueno del aumento del bienestar social y de la demanda de trabajo derivada del efecto productividad.

    En definitiva, de acuerdo con el análisis de Acemoglu y Restrepo, es necesario huir del alarmismo. La inteligencia artificial es, en su opinión, un cambio similar a los que hemos venido disfrutando desde hace 250 años con la revolución industrial. Quizás un cambio más rápido, que va a requerir una más rápida adaptación, y quizás un cambio para el que muchos segmentos de la población tengan que adquirir nuevas habilidades. Pero un cambio, en gran parte, similar a los que hemos experimentado ya en el pasado.

    Fuente: El País

  • El empleo en la era digital

    Es innegable que la progresiva automatización de la actividad económica elimina algunos vínculos entre oferta y demanda de trabajo

    Los trabajadores de Amazon de la planta de San Fernando de Henares (Madrid), de huelga la semana pasada.

    A principios de siglo andábamos los economistas aún conmovidos por los efectos que los atentados del 11-S podrían tener sobre los usos económicos y sociales. Crecía también la atención por la «nueva economía», a pesar de que el estallido de la burbuja «puntocom» en 2001 fue calificada por algunos como el fracaso de las empresas de base tecnológica. No podían estar más equivocados. Ese mismo año, en la famosa reunión de Jackson Hole, los economistas Bradford DeLong y Lawrence Summers señalaron, con igual grado de precaución y acierto, que la revolución digital apuntaba más a un hundimiento de los costes y los márgenes que a un fiasco tecnológico. El progreso de empresas como Google, Facebook o Amazon así lo ha refrendado.

    Tras dos décadas de una extraordinaria expansión de este tipo de negocios sería absurdo obviar los múltiples beneficios que han traído, incluso desde la perspectiva del empleo, que era y es uno de los aspectos más controvertidos. En muchos casos, han propiciado la revitalización de áreas deprimidas, la posibilidad de acceso mediante teletrabajo para compatibilizar la vida familiar y una considerable flexibilidad horaria. Sin embargo, han surgido también fenómenos contestatarios, principalmente en lo que se refiere a la concentración de poder monopolístico, el tratamiento fiscal y las condiciones laborales en algunas de estas compañías en un contexto de enorme generación de beneficios. En este último frente, la huelga que se ha producido estos días en Amazon, extendida de forma progresiva por diferentes enclaves europeos, ha sido un buen exponente. También las protestas de trabajadores de empresas de reparto como Deliveroo o Glovo así como en empresas con modelos low-cost como Ryanair. Y, como no, la multa de la UE contra Google por abuso de posición dominante.

    Cada caso es diferente. Algunos se están resolviendo. Pero se revelan usos que conviene desterrar y que, además, no son exclusivos de las BigTech ni de otras compañías digitales. Destaca la explotación de la figura del trabajador autónomo. El mercado laboral está plagado de acuerdos en los que el trabajador parece un asalariado, actúa como un asalariado… y se le contrata como autónomo. Es innegable que la progresiva automatización de la actividad económica elimina algunos vínculos entre oferta y demanda de empleo. No obstante, la relación de dependencia y constancia existe y, como mínimo, debe comparecer una aseguración por parte del empleador.

    Cada caso debe vigilarse y tratarse de forma separada pero hay elementos comunes en los que conviene apostar ante el imparable avance del cambio en las relaciones económicas hacia un modelo más digital. Sería conveniente una educación más flexible, en el sentido de que la calidad en la formación de nuevas competencias y la exigencia de un aprendizaje continuo se extendiera a la mayor proporción de la población posible, siguiendo modelos que han funcionado, por ejemplo, en algunos países escandinavos. A esto debe sumarse una formación integrada en las empresas, con mayor inversión en información. Entre tanto, es interesante observar cómo los propios trabajadores adoptan su propia coordinación digital, con una sindicalización cada vez más transnacional.

    Fuente: El País

  • El empleo en el sector de la alimentación sigue creciendo

    Conservas de pescado y marisco

    • El empleo en esta industria representa un 2,1% del total en España y crecerá un 1,5%.
    • La tecnología y los cambios en los hábitos de consumo tienen su impacto en el empleo.

    El empleo en el sector de la alimentación crecerá a un ritmo del 1,5% interanual en los próximos cuatro años, según las previsiones de Adecco. El impulso llegará de los cambios en la industria, fundamentalmente tecnológicos y legislativos.

    El empleo en esta industria representa ya un 2,1% del total en España, frente al 0,6% del año anterior, un incremento de 1,5 puntos porcentuales en tan sólo doce meses. El conjunto de actividades que integran el sistema agroalimentario supone ya una aportación a la economía nacional que supera el 2,7% del PIB y el 16,8% del Valor Agregado Bruto (VAB) de la industria.

    Los empleos más demandados

    Los perfiles más demandados en la alimentación son:

    • Técnicos de mantenimiento
    • Personas encargadas de la carga y descarga
    • Carretilleros
    • Encargados del mantenimiento correctivo y de la maquinaria
    • Nutricionistas de la industria alimentaria (para laboratorios de control de calidad o departamentos de investigación, desarrollo e innovación)

    El sector alimentario solicita profesionales de 32 años de media, edad que ha ido descendiendo. Así, el mayor grueso de ofertas de empleo se concentra en los candidatos de entre 26 y 30 años, que conforman el 34,9% del total, y en las edades comprendidas entre los 21 y 25 años (30,4%). Al igual que en otros sectores, los mayores de 46 años son los más perjudicados.

    La apuesta por la tecnología también se ha notado en el sector de la alimentación, ya que ha derivado en una mejora de la calidad de los alimentos y una mayor disponibilidad de productos frescos. Sin embargo, esta evolución también ha obligado a una mayor formación por parte de los trabajadores que han tenido que aprender a manejar ciertas tecnologías.

    El informe desvela que los cambios en los hábitos de consumo están impactando también en el empleo, ya que empiezan a emerger empresas de productos ecológicos que son más exigentes con el personal y las firmas de alimentación apuestan por lanzar nuevas líneas de productos enfocados a estos nuevos consumidores, lo que impulsa la creación de nuevos trabajos.

    Por último, la demanda de estos profesionales cualificados ha crecido dentro del sector alimentario, por lo que la solicitud de estudios universitarios se ha elevado en los últimos años. Así, los grados de ciencia y tecnología de los alimentos y el de nutrición humana y dietética son los más demandados, junto a los de endocrinología y nutrición.

    Fuente: 20 Minutos

     

  • España necesitará en 2020 tres millones de profesionales de ciencias, matemáticas y tecnología

    La cifra llega en Iberoamérica a 15 millones de profesionales en los próximos tres años. Según Fundación Telefónica, el 90% de empleos exige ya cierto nivel de capacidades digitales.

    España necesita profesionales de las ciencias, las matemáticas y la tecnología; millones de ellos. En concreto, nuestro país necesitará en 2020 tres millones de profesionales con conocimientos STEM (iniciales en inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics). Lo asegura el presidente de Fundación Telefónica, César Alierta. En la XXXIV Academia Europea de Jaca, en su ponencia titulada ‘La importancia de hacer real un mundo digital’, Alierta ha afirmado que esta cifra se elevará en Iberoamérica hasta demandar quince millones de profesionales en los próximos tres años. Pero es optimista «porque la revolución digital va a representar un impresionante crecimiento». Según el presidente de Fundación Telefónica, «un incremento del 10% en la digitalización de la economía podría aumentar en un 40% el PIB per cápita». Ha citado el Informe sobre los Avances Digitales en Europa 2017, que indica que el 90% de los empleos exige ya al menos cierto nivel de capacidades digitales. Alierta ha recordado que «la digital constituye una de las ocho competencias clave en el ámbito del aprendizaje permanente, fundamentales para las personas en una sociedad basada en el conocimiento». Sin embargo, «a día de hoy, y debido al desequilibrio existente entre la oferta formativa y las demandas del mercado de trabajo, existe una brecha de perfiles digitales no cubiertos en el mundo». La forma que entiende Fundación Telefónica de reducir esta brecha que puede producir la revolución digital es «ofrecer formación y educación digital en conocimientos y competencias digitales en todas las etapas de aprendizaje a lo largo de la vida». El objetivo último es que nadie se quede fuera de la revolución digital. Los proyectos de Fundación Telefónica En este sentido, se ha referido a ProFuturo, proyecto impulsado por Fundación Telefónica y Fundación Bancaria ‘la Caixa’ que lleva la educación digital a niños y niñas de entornos vulnerables, reduciendo la brecha educativa, y que ha beneficiado ya a alrededor de 5,8 millones de niños y niñas de 23 países de Latinoamérica, África y Asia. ProFuturo tiene como objetivo favorecer a más de doce millones de niños para 2020. También ha citado Scolartic, la plataforma online de formación a docentes con más de 600.000 profesores registrados y que ha incorporado las materias de robótica, programación e impresión 3D al currículo escolar, formando al profesorado y aportando recursos didácticos. El programa ‘Conecta Empleo’ de Fundación Telefónica ha formado a 53.000 personas en España y a 310.000 en Europa y Latinoamérica. Otro dato destacable del programa de empleabilidad de la Fundación es su tasa de inserción laboral, que en España se eleva a un 60% en el caso de los cursos presenciales. Por esta razón a lo largo del año académico 2018-19 Fundación Telefónica lanzará un centenar de cursos presenciales y medio centenar de MOOC (Massive Online Open Courses).

    Fuente: 20 minutos

  • Data Science: Una profesión cada vez más demandada

    Científico de datos: prepárate para una de las profesiones del futuro

    • El avance de la tecnología y las nuevas necesidades socioeconómicas han puesto de manifiesto la importancia de los datos y de profesionales que sepan manejarlos.
    • Te mostramos cómo puedes formarte para desarrollar una de las profesiones del futuro, a través de las carreras universitarias y posgrados ofertados en España.
    • Como dicen los expertos, los datos son el petróleo del futuro y muchos visionarios ya están aprovechando la rentabilidad de este campo.

    Hablar de Data Science, procesamiento de datos, Big Data, hace escasamente unos meses, nos parecía algo ajeno y enfocado a expertos en el campo tecnológico.

    Pero, si algo nos está demostrando la innovación tecnológica y la era digital, es que están surgiendo recursos y competencias que dirigirán el futuro de cualquier empresa o institución, y que ya están comenzando a emplearse.

    Hemos hecho referencia a que ya hay estadísticos en los cuerpos técnicos de los equipos de fútbol, con el objetivo de aplicar los datos recogidos en los partidos y entrenamientos, para mejorar el rendimiento de los futbolistas y de las estrategias de juego.

    También hemos comentando que el futuro de la Universidad, y del provecho que saque de todos los datos que posee, depende de su aperturismo para integrar este rol profesional en la dirección académica y emplear el Learning Analytics para mejorar la experiencia formativa que proporcionan.

    Por tanto, la Ciencia de Datos es algo que se está implementando en todos los aspectos cotidianos y, por este motivo, da paso a nuevas profesiones con altas expectativas de crecimiento.

    ¿Qué se hace en la Data Science?

    Se trata del ámbito científico que se dedica a analizar, procesar e interpretar grandes bases de datos, comenzando por usar herramientas que permiten la gestión de bases de datos enormes, y continuando por el empleo de algoritmos y fórmulas que faciliten su procesamiento e interpretación, de manera que se extraiga información de valor y rentable.

    Como indica uno de los expertos en este campo, Josh Wills, es un perfil profesional que reúne los mejore conocimientos de programación y estadística y su mejor competencia es saber cómo usar técnicas y programas que permitan procesar datos.

    Muchas empresas ya poseen gran cantidad de datos —solo hay que pensar en las redes sociales o en las ecommerce que empleamos— y ahora solo falta que sean capaces de trabajar con esos datos para mejorar sus negocios y adelantarse a futuros escenarios.

    ¿Cómo puedo ejercer esta profesión?

    Actualmente, la demanda de este perfil supera al número de profesionales capacitados para llevar a cabo estas tareas.

    Estadísticos, matemáticos y programadores son los perfiles profesionales que poseen las competencias necesarias y que pueden optar a posgrados y másteres para especializarse en el tratamiento de datos.

    Muchos de los profesionales actuales se han formado de forma autodidacta y, aunque aun no existan carreras universitarias específicas, decantarse por grados como las Matemáticas, la Estadística o la Ingeniería Informática es un buen comienzo para ser un científico de datos.

    Fuente: Universia España

  • Salida profesional o vocación, ¿qué carrera elegir?

     

    • Existen muchas carreras vocacionales, en las que es importante que el estudiante se sienta motivado y disfrute con lo que hace.
    • Las oportunidades laborales y la vocación profesional son los dos factores más importantes a la hora de que los estudiantes decidan su futuro, por lo que deben aprender a valorar y reducir la incertidumbre en su decisión.
    • La presión social y la tradición familiar suelen influir a la hora de decidir una carrera, pero recuerda que cada decisión debe ser libre, autónoma y tomada según tus criterios.

    Durante los años de colegio e instituto, los alumnos realizan diferentes pruebas de aptitud, test de inteligencia y un análisis constante de su rendimiento, con la idea de que toda esa información sea la base para decidir, qué carrera o profesión deberían desarrollar en un futuro.

    Evidentemente, es algo confuso que un alumno antes de los 14 años tenga segura cuál es su vocación o le haya dado tiempo a informarse sobre las oportunidades laborales que le pueden ofrecer unas carreras u otras.

    Pero a pesar de ello, durante ese periodo de tiempo ya deben de decidir su orientación formativa y por lo menos, tener más o menos claro, en qué rama del conocimiento le gustaría desarrollar su futuro profesional.

    Entonces, ¿qué factores pueden ayudar a tomar una decisión y decidir una carrera profesional?

    Competencias

    Es lo que intentan medir los test comentados anteriormente y en el aspecto que debe de insistir la enseñanza, por encima de la asimilación de conceptos y la superación de exámenes.

    Si un alumno conoce cuáles son sus fortalezas y debilidades, qué se le da bien y en qué destaca, verá más clara su vocación y cómo sacar provecho de ello para mejorar sus oportunidades laborales.

    El aprendizaje activo, inmersivo y autónomo pretende conseguir esto, que el desarrollo de competencias de poder de decisión y autoconocimiento a cada estudiante.

    Información

    Aunque la elección se realice de forma muy temprana y aun quede tiempo para llegar a la Universidad y conseguir la titulación, no es pronto para que el alumno se vaya familiarizando con el entorno laboral, lo que supone ejercer una profesión y, sobre todo, todo lo que necesita hacer para llegar a ese objetivo.

    Durante estos años, la influencia del entorno y de los medios es lo que hace que muchos decidan una carrera vocacional, pero sin conocer que más les ofrece el mundo laboral, acorde a sus competencias e intereses.

    Motivación

    Además de saber en qué se es bueno y qué habilidades se tienen más desarrolladas, no hay que dejar de lado aquello que inspire y anime a cada alumno a evolucionar y seguir creciendo.

    Despertar el interés es un paso crucial durante la educación, de manera que el alumno se anime al autodescubrimiento y conozca, de forma más profunda, su vocación y cómo puede usar sus competencias para convertirlas en una profesión y en un empleo.

    Lo que ahora puede ser una habilidad o un interés vocacional, con la formación adecuada se puede convertir en verdadero talento.

    Fuente: Universia

     

     

     

     

     

     

     

  • Formación o experiencia laboral: ¿qué debería priorizar en mi CV?

    El dilema al que todo recién egresado se enfrenta a la hora de buscar empleo y mejorar su currículum

    • ¿Qué puede marcar la diferencia en mi CV: el nombre de una empresa o una titulación académica?
    • Analizamos la opinión de expertos en orientación profesional y sus impresiones sobre la mejor forma de conseguir un buen trabajo.
    • No hay una respuesta general ni aplicable a todos los casos, pero estas ideas te ayudarán a dar prioridad a tu formación o a la experiencia laboral, según tus intereses profesionales.

    La forma en cómo diseñar una estrategia para completar tu CV y optar al puesto o empresa deseado es una cuestión para la que no existe una fórmula mágica, ni un solo camino válido.

    Puede que esto no te resulte alentador para seguir leyendo este artículo, pero sí que puedes descubrir qué opción puede ser la más conveniente según tu situación y el empleo que buscas.

    ¿Qué debe destacar en mi CV?

    El valor de la experiencia laboral

    Es cada vez más común que muchos reclutadores hagan la selección de candidatos de acuerdo a que sus CV reúnan ciertas palabras claves, entre ellas, nombres de empresas o puestos específicos.

    Por tanto, que en tu CV aparezca el nombre de cierta empresa puede suponer que tu CV destaque y reúnas más probabilidades de conseguir el empleo.

    El valor la formación

    Otros reclutadores y empresas prefieren fijarse en las competencias que reúnen los candidatos y en la trayectoria formativa que han seguido. Igualmente, muchas empresas aprecian que los candidatos reúnan títulos de posgrado o especialidades en los centros universitarios más competitivos en un ámbito.

    ¿Cómo tomo la decisión?

    Según la opinión de expertos en desarrollo profesional y liderazgo, lo mejor es mantener un enfoque equilibrado e intentar trabajar en ambas opciones, manteniendo un objetivo a largo plazo.

    Aunque parezca algo un poco complicado, lo ideal es intentar combinar ambas opciones, sobre todo con las facilidades que ofrecen los másteres y cursos online destinados para profesionales, cuyo horario es más flexible.

    Lo importante es que, en cada decisión, uno debe preguntarse si ese trabajo o competencia en las que se quiere trabajar nos va a ayudar a alcanzar las metas profesionales que nos hemos fijado.

    Por otro lado, a la hora de valorar las ofertas de empleo, es normal que surjan dilemas sobre hacia qué puesto o empresa te quieres enfocar.

    Por ejemplo, según tu preparación y experiencia laboral, quizás, seas el perfil junior perfecto para una gran multinacional, con expectativas a largo plazo de ascenso profesional. Pero, al mismo tiempo, puede que seas el candidato perfecto para un puesto senior en una startup o negocio más pequeño, pero en pleno crecimiento.

    Y en este caso, ¿cuál es la mejor opción? Ambas son muy buenas opciones y su valoración dependerá de otros factores:

    • Expectativas de crecimiento profesional.
    • Tareas de las que serás responsable.
    • Remuneración y prestaciones.
    • Identificación con los valores y la cultura de la empresa.

    Hagas lo que hagas, apuesta por tu decisión y saca el máximo provecho de esa experiencia.

  • ¿Se puede ser más flexible?

    Una cualidad que los expertos coinciden que vale la pena potenciar es la capacidad de adaptación.

    Todos los días, Leonard Mlodinow se marca pequeños retos personales, como por ejemplo pedir el plato menos recomendado del menú de un restaurante. El autor de Elástico: Pensamiento Flexible en un Mundo en Constante Cambio, explica que es un truco que le ayuda a desarrollar su curiosidad, aunque siempre suele pedir platos originales en los restaurantes. Otra estrategia consiste en emprender una conversación con un desconocido, pedirle su opinión y escuchar atentamente sus respuestas: «Es un excelente ejercicio mental para salir de la burbuja», explica. A los amigos y compañeros de trabajo, les aconseja un programa de retos para desarrollar la curiosidad y aumentar la flexibilidad. Este aspecto es importante porque «los profesionales de todas las áreas deben saber adaptarse a las nuevas circunstancias».

    Ahora que las tecnologías están transformando los sectores y los empleos -en algunos casos eliminándolos- por la automatización o la inteligencia artificial, es casi imposible predecir cuáles serán las habilidades que necesitaremos en el futuro. Sin duda, una cualidad que los expertos coinciden que vale la pena potenciar es la capacidad de adaptación. Así pensaba Henry Levin, catedrático de Economía de la Universidad de Columbia. En 2012, escribió un ensayo titulado La importancia de la capacidad de adaptación, en el que explicaba que la visión tradicional del papel de la educación para incrementar la productividad consistía en ayudar a los estudiantes a dominar ciertas habilidades. En opinión de Levin, esto ha cambiado, concediendo más importancia en la capacidad de los empleados de adaptarse.

    Pero, ¿puede cualquier persona aprender a ser flexible? Bradley Staats, autor de Nunca dejes de aprender: Reinvéntate y Prospera, cree que todo el mundo puede como mínimo desarrollar la flexibilidad: «Aprender es una actitud. Podemos cambiarla. Unas personas tienen mayor potencial que otras en este sentido», asegura.

    En su opinión «cuanto más tiempo pasa una persona en una empresa o en un trabajo, más posibilidades hay de que pierda el sentido de la curiosidad». Staats recomienda asumir riesgos y hacer preguntas estúpidas: «Ahí es donde reside el aprendizaje», sostiene. También recomienda escribir reflexiones a diario sobre la jornada laboral porque, en primer lugar, solemos saber más de lo que pensamos y, «al escribir, integramos nuestro conocimiento y aprendemos» .

    En segundo lugar, «somos incapaces de ver los problemas que necesitan atención para empezar a solucionarlos. La inteligencia emocional ayuda a los trabajadores a adaptarse», explica Jochen Menges, profesor de Cambridge Judge Business School. Según Menges, «el cambio suscita respuestas emocionales pero, ¿cómo gestionar esas emociones? Podemos quejarnos de los cambios, pero no vamos a conseguir evitarlos. Es importante ser consciente de las reacciones, detenerse e intentar gestionarlas lo mejor posible».

    Rachael Chong, fundadora de Catchafire, una plataforma online que pone en contacto a voluntarios con ONG, sentencia que «el temor es el principal motivo para la falta de flexibilidad» . Esta exbanquera fomenta la flexibilidad entre sus empleados, poniéndolos en situaciones en las que salen de su zona de confort. Chong cree que «lo importante es contar con unos empleados flexibles, capaces de abordar nuevos retos en lugar de que intenten ser flexibles por el simple hecho de serlo».

    René Durazzo, asesor de ejecutivos, subraya que a veces se califica de poco flexibles a los empleados si se resisten a las transformaciones, pero el verdadero problema es cómo presentan el cambio: «Lo que puede parecer un problema del empleado frente a la novedad puede convertirse en un fallo a la hora de presentar esa transformación», añade.

    Fuente: Expansión